En torno a la Vicepresidencia del PRM


Por: Miguel Espaillat Grullon

Son muchas las personas, que por diferentes vías me abordan, para preguntarme, quien, a nuestro juicio, debe ser la persona (hombre o mujer), que junto a Luis Abinader conformen el binomio, presidente-vicepresidente.   Debido a ese manifiesto interés de tanta gente, he decidido tratarlo públicamente, para con toda modestia, poner sobre el tapete este tema, para que dilucidándolo entre todos, podamos llegar a la conclusión de lo que mejor conviene, tanto para el triunfo del PRM, como al futuro inmediato de nuestra vilipendiada patria.

Pues bien…para elegir la correcta figura vicepresidencial, el primer punto que hay que tener en cuenta, es, que en un momento dado, por múltiples razones, como puede ser la muerte del presidente, su renuncia voluntaria u obligatoria por razones judiciales o de salud, etc., el vicepresidente vendrá a ser el presidente.  Fue el caso que se dio cuando el suicidio de don Antonio Guzmán, ocasión en que Jacobo Magluta asumió la presidencia de la República.  En otros ejemplos, la muerte por asesinato de Abraham Lincoln y John Fitzgerald Kennedy, y otros casos de esta naturaleza en otras latitudes, confirman la validez de la premisa expuesta.

A más del criterio anterior, la persona que deba asumir tan importante posición, requiere de otros atributos que estén en correspondencia con los intereses de la totalidad del conglomerado que votará por ese binomio presidencial, tomando en cuenta, dentro de ese colectivo, a los votantes extrapartidos, pues un Partido dominicano, en la actual coyuntura política, no gana por si solo unas elecciones, por lo que los nominados a presidente y vicepresidente, en este caso, los del  PRM, deben concitar la más amplia simpatía,  aprobación y credibilidad, tan cercana como sea posible, al total del universo de votantes.  Para lograr esa meta, es necesario tomar en cuenta los aspectos siguientes:

Primero: respecto a lo intelectual y erudición, , no basta que el nominado o nominada a la vicepresidencia, tenga un título académico, pues en estos días, cualquiera tiene uno, además, un título universitario, no le da la categoría de intelectual y erudito a nadie, y un vicepresidente de la República,  tiene que ser ambos, en todo el sentido de la palabra, pues todo vicepresidente, tiene que tener amplios conocimientos de la economía política y del manejo de los  asuntos del Estado, con  diferentes especialidades y experiencias en estos campos, pues gobernar a un país, se trata de administrarlo, y sucede, que en este  mundo globalizado de hoy, en que pugnan el neoliberalismo, el socialismo del siglo XXI y otros modelos económicos y sistemas políticos, administrar una gran empresa como lo es un país, es algo de mucha complejidad, por lo que, para manejar esa complejidad, se requiere de sólidos conocimientos teóricos y prácticos en las susodichas materias, de economía política y administración del Estado, y del uso de una inteligencia superior.

Segundo: para que alguien nominado, o nominada a vicepresidente, logre la aceptación del universo de votantes aludidos (del Partido y extrapartido), esa persona, además del intelecto y erudición señalados,  debe ser reconocida como alguien verdaderamente con don de mando y de gente, responsable, no un ambicioso o ambiciosa; pero además, que tenga en su haber, probada honradez, e historial de lucha social junto a su pueblo con verdadera demostración de amor por su patria, con lo que se haya ganado un liderazgo, que por el número de votantes que aporte, venga a garantizar más que ningún otro, un triunfo electoral y llevar a cabo el programa de gobierno y de nación, propuesto en  la campaña.

En este punto, es necesario aclarar que:

A– Un partido político, es una institución, que como la iglesia católica o las fuerzas armadas de un país, se rige por estatutos que establecen las normas a seguir, para promover a sus miembros por escalafón, basado en tiempo y meritos.  En la iglesia, para de simple cura llegar a obispo, arzobispo, cardenal o papa, se hace por escalafón.   De igual manera, en las fuerzas armadas para ascender de cabo, a las demás posiciones superiores, se hace respetando rigurosamente el escalafón, e igual sucede, en las empresas con su personal, pues de lo contrario, si los ascensos y promociones se dieran de manera arbitraria, ello provocaría, recelos enormes entre el personal que conforman las instituciones, cualquiera que estas sean, por lo que al disgusto generalizado sobrevendría el caos,  porque es seguro, que el sabotaje laboral seria la línea a seguir por los indignados, que se sientan burlados y lastimados por los ascensos o promociones de hecho, arbitrarios e inmerecidos.

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