Danilo-Leonel Vs. Hipólito-Miguel Vargas


Desde el año 2004 hasta el día de hoy, la constante que más ha caracterizado la vida política nacional ha sido las continuas victorias electorales del Partido de la Liberación Dominicana, PLD,  realidad que es explicable porque el partido fundado por el profesor Juan Bosch ha sabido mantener la unidad a toda costa.

Las seis victorias que ha hilado el PLD ha convertido esa organización política en el partido de América Latina más exitoso, una hazaña política que lo coloca en un alto sitial histórico, y todo ese logro no se puede lanzar por la borda, de ahí la necesidad de preservar la fuente de tantas victorias consecutivas: la férrea unidad partidista.

Mantenerse unido es lo que ha posibilitado que el PLD repita una y otra vez en el ejercicio del poder. Esa ha sido la clave de su éxito político-electoral, la formula imbatible, el muro contra el que se ha estrellado y se ha hecho añicos los intentos de la oposición de acceder al trono presidencial.

Cuando se han presentado amenazas de fracturas y rompimiento;  cuando las aguas han parecido estar a punto de desbordarse, cuando han soplado vientos tormentosos de conflictos y desavenencias; cuando las heridas han amenazado con producir graves hemorragias internas, la sensatez, la concordia,  la recapacitación, la madurez política, la reflexión y la reconciliación han impedido que el partido morado naufrague política y electoralmente en las aguas tormentosas de los intereses individuales.

Para bien de la democracia, del país, de todos los dominicanos, del desarrollo institucional y del progreso nacional, las aguas siempre han vuelto a  su nivel, porque de una forma u otra, los liderazgo responsables que comparten la dirección del destino peledeístas, han entendido que unidos todo lo pueden, y que desunidos no van a ninguna parte.

A la hora de la verdad, el consenso y el encuentro se han impuesto sobre los desamores,  las diferencias y los desencuentros. Ha pesado más en la balanza peledeista, los beneficios de seguir unidos que el costo de andar separados.

Dicha unidad se ha salvado y  mantenido, gracias al espíritu de desprendimiento y del enfoque histórico de que, han hecho gala las distintas fuerzas que conviven dentro del partido morado, lo cual ha permitido el colocar los intereses del país por encima de los intereses personales.

El Presidente de la República, Danilo Medina y Leonel Fernández, están compelidos a un entendimiento a tiempo ante que ponerse a hacer equilibrio cerca del precipicio. Abogamos por la unidad, pero una unidad cimentada en principios y los valores histórico que dieron origen al Partido de la Liberación Dominicana, en el respeto, en la coexistencia interna, y sobre todo, en el respeto a los preceptos institucionales del partido, que son los estatutos, y el respeto a la Constitución que norma la vida civilizada de una nación.

Viendo las cosas desde esa perspectiva, el pueblo dominicano nunca perdonaría al liderazgo peledeísta, (Danilo Medina y Leonel Fernández), poner en juego lo que tanto sacrificios le costó a los fundadores del PLD, a los dominicanos y dominicanas, en pro del bienestar, la estabilidad, el progreso y la paz del país. Los atisbos de división interna ponen en peligro todos esos logros porque abren la posibilidad de que la oposición insensata y desbocada se cuele por la puerta de atrás.

El PLD debe mirarse en el espejo  del PRD, aprender por experiencia ajena que el ominoso destino del Partido Revolucionario Dominicano no debe reproducirse en las filas moradas. Leonel Fernández y Danilo Medina, saben en lo que devino el partido de Peña Gómez, que de ser la primera fuerza política del país degeneró en una organización minúscula, hoy convertida en una “bisagra” política. Ya no es ni la sombra de lo que era antes, después de haber sucumbido al desorden, al caos, a  los antagonismos,  la desunión y la lucha fratricida que lo ha convertido en simples siglas, olvidándose así el peso histórico de su fundación. .

El Leonel y el Danilo de hoy deben evitar convertirse en el Hipólito Mejía y el Miguel Vargas de ayer. El PLD no puede caer de ser el partido más exitoso de Latinoamérica a colocarse en la cola de la historia.

Las apetencias y la miopía política de algunos funcionarios desubicados de la realidad, que no se preocupan por la suerte de la organización, ni por el legado histórico de sus propios líderes, sino más bien de sus bolsillos; y que solo aspiran a reelegir sus torcidos intereses y su avaricia insaciable, no pueden sobreponerse al compromiso con la historia ni con la palabra empeñada, al compromiso de ser fiel a la Constitución y al compromiso de lo pactado.

Desde esta tribuna, instamos a toda las fuerzas que inciden en el PLD a ponerse en el lado positivo de la historia. A que trillen el camino de la legalidad y respeto a la constitución política del país, a que tengan sentido de la historia y aprendan de ella todo lo que nos enseña. Danilo Medina y Leonel Fernández están llamado a ser, no el Hipólito y Miguel Vargas de hoy, sino en los gendarmes del legado Boschista.

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